En San Francisco, como en otras ciudades, las filas afuera de los bancos de comida, casas de empeño y mercados de artículos gratuitos son cada vez más largas a medida de que la pandemia persiste.

Para muchos de los inmigrantes latinx que van a formarse a estas filas, el virus ha sido particularmente complejo y tóxico. Los inmigrantes dueños de negocios pequeños que batallan por obtener un lugar en la economía estadounidense han visto cómo el virus ha afectado a sus negocios.

Para los que están indocumentados, quedarse en casa significa un ingreso nulo y asistencia si acaso mínima por parte del estado, debido al estatus legal.

Para los que deben quedarse en casa, el virus ha dificultado la supervivencia financiera de por sí ya precaria en San Francisco para quienes trabajan como niñeras, trabajadoras domésticas o choferes.

Estas son sus historias.


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